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El casco, un aliado que le permite jugar
Escrito por Héctor Meza   

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Culiacán, Sinaloa, a 27 de Febrero de 2010. El 5 de septiembre de 2009 es una fecha que, aunque quiera depositar bien en el fondo de un bote de basura herméticamente sellado, es y será imposible de olvidar para Manuel Monreal y sus seres queridos.

 

Esa tarde mientras en las gradas de uno de los campos de la Liga Culiacán AC se celebraba una asamblea de padres de familia, él y otros niños sufrieron una aparatosa caída de una cuatrimoto en movimiento. La peor parte del resultado fue para Manuel, pues resultó con fractura craneal que lo envió al hospital pediátrico por cinco días.

 

“Afortunadamente no le afectó al cerebro”, recuerda aliviado su padre mientras observa a su vástago lanzar en el juego ante la Culiacán Recursos dentro del Distrital de la categoría 11 años.

 

La pasión por el deporte rey que desde pequeñito siente Monreal estuvo a punto de sufrir un golpe severo, pues llegó a temer que por medidas precautorias ya no podría practicarlo.

 

Afortunadamente la situación no llegó a tal extremo, pero el médico que lo atendió le puso como condición que usara un casco que le protegiera su cabeza de otro golpe y así evitar una peligrosa recaída.

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“Al principio fue difícil e incómodo, sentía el casco muy pesado y no podía correr, pero siento que poco a poco lo he superado”, asegura este chamaco que se desenvuelve en los jardines, primera base y el montículo.

 

Cabe señalar que después de abandonar el hospital, la idea de su padre era que ya no jugara beisbol por temor a que sufriera otro golpe en su cabeza, pero logró hacerlo cambiar de opinión cuando el doctor recomendó el uso del casco.

 

“Además el beisbol es algo que traigo en la sangre y yo quería seguir jugando”, recuerda.

 

A diferencia del los cascos ordinarios para beisbolistas que sólo tienen esponja a los lados de las orejas, el que Monreal usa desde octubre está cubierto de dicho material al cien por ciento en su interior, además de tener al frente una reja protectora similar a los que usan los receptores y jugadores de futbol americano.

 

Vale aclarar que Manuel también es aficionado al futbol soccer, pero este sí tuvo que dejar de practicarlo para evitar algún accidente.

 

“Cuando me pasó esto pues tuve mucho apoyo de mis padres, de mis amigos del beisbol y de la escuela. Todo mundo se portó muy bonito conmigo y estoy muy agradecido”, finaliza este verdadero guerrero de los diamantes.